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Un
tesoro bajo el sol...
A 25 kilómetros
de la comuna de Freirina se encuentra la Planta Canutillo, antigua
faena donde se trabaja el oro, desde el siglo pasado, entre quebradas
y cerros, aún hoy existen hombres y mujeres que esforzadamente
intentan, a veces con buenos resultados otras no tan buenos, estrujarle
a la tierra el último gramo de oro, este mineral tan apreciado
y que en algunos momentos de la historia de la humanidad a generado
enormes desastres y guerras, fue la búsqueda de oro la que
trajo a esta parte del mundo a los conquistadores europeos, y es este
mismo metal el que genera grandes diferencias en el sentir de las
personas de la Provincia del Huasco por la posible explotación
industrial que terminaría con la vida en el Valle como la conocemos
hasta hoy, por otro lado la explotación del oro generó
para la comuna de Freirina una época de esplendor que dejó
su nombre grabado en la historia de este país. Casualmente
estuvimos en Canutillo y tuvimos la suerte de encontrar la última
parte del trabajo, se podría decir artesanal del lavado de
oro, un trabajo que demanda muchas horas y que se inicia picando
en las antiguas minas de la zona el material que contendría
el apreciado metal, 20 sacos de material pasan a la molienda para
ser reducido aun polvo muy fino donde luego se procede a separar
el noble metal de aquello que “no sirve”, manera de
decir porque todo aquello es entregado a la Asociación Minera
de Freirina, para nuevos usos, para separar el oro se utiliza mercurio,
metal liquido que se filtra a través de un fino tamiz y deja
prácticamente pura el ansiada pella de oro, en esta ocasión
todo este trabajo produjo aproximadamente 7 gramos de oro, el siguiente
paso es encontrar el mejor precio de venta de la misma, para obtener
utilidades a tan arduo trabajo, pensemos por un momento , que algunos
de estos mineros se trasladan a aquellas faenas con sus familias
y trabajan en sociedad, en este caso fueron tres los que lograron
lo que vemos en las imágenes, tanto trabajo tanto esfuerzo,
tanto sol, tanta tierra, poco oro, una labor que según sus
protagonistas han realizado durante toda su vida, una labor que
a la vez realizan con agrado: “ acá se trabaja harto,
pero a uno nadie lo manda eso es lo bueno, uno es su propio jefe…”
aclara orgulloso don Hermogenes Aguilar, mientras muestra con satisfacción
el logro de tanto esfuerzo.
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